En un lado de la mesa teníamos a Estefanía, una camarera de 20 años con una energía muy por encima de la media: «Yo es que no paro, no puedo parar». En lo referido al amor, tenía muy claro lo que buscaba: «busco a un chico que sea alocado y echado pa’lante. Que tenga tatuajes es súper importante y que le guste viajar». Y, por lo que cuenta, hasta el momento, no había tenido mucha suerte en su búsqueda.

En el otro lado de la mesa íbamos a tener a Toni, un tatuador de 22 años muy particular: «Puede que, por fuera, parezca duro. Pero una cosa es la fachada y otra el cómo soy por dentro».

¿Cómo fue la primera impresión de ambos? Pues, al menos para ella, no podía ser peor. La expresión de la cara de Estefanía al verlo era impagable; no le había gustado nada y no podía disimularlo de ninguna de las maneras: «Yo no soy mala, pero, cuando lo he visto, no me ha gustado nada».

Tony, por su parte, tenía una impresión muy… ¿diferente?: «Es tetona y, la verdad, me gustan las chicas que son tetonas. Esta cumple»… esta cita, desde este momento, estaba condenado al más incuestionable de los fracasos.

La cita empezaba muy mal y los silencios incómodos eran los protagonistas de cada uno de los momentos. Ella no estaba nada por la labor y, a pesar de que ella a él le gustaba, tampoco estaba poniendo mucho de su parte.

El primer zasca llegó cuando ,hablando de tatuajes, él le preguntó a ella si tenía piercings… pero es que claro, la pobre tiene la cara llena de piercings: «Yo no sé si es que son transparentes o qué», se desahogaba ella en el confesionario.

El segundo llegó cuando él le preguntó cómo le gustaban los chicos y ella, con un poquito de mala baba, le soltó «me gustan altos»… y es que el bueno de Toni, al parecer, no destacaba precisamente por su altura: «Ha sido una forma indirecta de decirle que no me gustaba, pero para no ser yo muy mala», explicaba.

Toni, por su parte, parecía no estar un poco desconcertado con que la chica se mostrase tan reacia a conocerlo: «es de las pocas personas a las que no le he gustado», reconocía.

A partir de aquí, todo se fue por el garete. Él se puso a la defensiva y empezó a atacarla: «eres una choni, por las gesticulaciones y todo», cosa que ella no se tomó nada bien. La cena ya estaba completamente perdida y la cosa se había convertido en un toma y daca entre ambos.

El final estaba bastante claro… pero, teniendo en cuenta las formas de ambos, es mejor que lo veáis por vosotros mismos:

A vosotros, ¿qué os ha parecido esta cita? Dejádnoslo en los comentarios. 

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Fuente: Cuatro.

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