En un lado de la mesa teníamos a Moisés, un informático de Barcelona que, a sus 28 años, buscaba el amor: «Cuando hay amor de verdad soy una persona intensa, entregada y cariñosa». En lo referido a cómo era su chica ideal, lo tenía bastante claro: «Una chica que, a primera vista, te entre por los ojos, pero que haya algo más. Físicos hay muchos, pero también me gusta el interior. Busco alegría», confesaba.

En lo referente a cómo es él, también lo tenía bastante claro: «Si alguien no me conoce de nada, en un primer momento, puede pensar: ‘¿qué te has metido? ¿Qué te has tomado? ¿Por qué vas a 5.000 revoluciones?’. Pero bueno, hace tiempo que soy así y el resultado que me da con la gente es positivo».

En el otro lado de la mesa encontramos a Amanda, una estudiante de derecho de 23 años que, en lo que a gustos se refiere, no estaba nada ‘torcida’ (por lo de estudiar derecho, ya me entendéis): «Un chico me conquista haciéndome reír y siendo muy creativo e ingenioso, diciendo cosas que nunca me han dicho».

También confesaba ser una persona algo reservada: «soy un poco distante. Soy muy reservada, pero cuando me conocen, no soy nada fría, sino todo lo contrario»… en apariencia, la cosa tenía que salir bastante bien y los dos parecían bastante compatibles… ¿cómo habrá acabado todo?

La cosa, de entrada, empezó más o menos bien, aunque él se mostraba mucho más… hablador, por decirlo suavemente (lo cierto es que no se callaba ni debajo del agua). Él soltaba broma tras broma y ella parecía un pelín agobiada.

Ella misma lo reconocía: «Sí que eres muy hablador». Y es que hasta el bueno de Carlos Sobera le tuvo que decir que ‘bajase un poco el acelerador’, ya que pisaba constantemente a Amanda.

Luego ya, en la mesa, él se calmó un poquito pero no pudieron evitar llevar la conversación por ese mismo tema. Ella estaba sorprendida con la verborrea que demostraba Moisés: «El chico es un terremoto, es que yo no tengo palabras para… me ha sorprendido».

Moisés también era consciente de que su forma de ser había causado un impacto en Amanda que, honestamente, no podíamos saber si era más bien positivo… o tiraba a lo negativo: «La he visto un poco sorprendida y había momentos en los que resoplaba».

«En un principio, la energía que tiene es muy chocante, aunque luego te vas acostumbrando y lo vas pillando», reconocía ella. Inmediatamente después, Amanda tomó la iniciativa: «¿Buscas un terremoto como tú o un huracán?».

Y él no defraudaba con su respuesta: «Un huracán puede ser, ¿tú eres un huracán?», a lo que ella no dudó en contestar con un «Podría serlo». Lo cierto es que, en este punto, no sabíamos si la cosa estaba yendo bien o mal, ya que la sensación era que, a cada frase, la cosa giraba para un lado o para otro.

Al final, cuando tocó decidir si querían seguir conociéndose, Amanda aceptó tener una segunda cita para comprobar si ‘realmente él era así’. Moisés, por su parte, afirmó que tendría una segunda cita con Amanda… pero solo como amigos, ya que ‘le faltaba un click’ para que acabase de gustarle.

Aquí os dejamos la cita íntegra:

A vosotros, ¿qué os ha parecido esta cita? ¿Habríais aguantado cenar con alguien que hablase tantísimo? Dejádnoslo en los comentarios. 

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